Escribir acerca de la obra literaria de Chris Kraus es algo complejo. Ella nunca escribe sobre una línea evidente, no logra definirse entre la novela, el ensayo o la autobiografía, tampoco suele escribir igual entre textos. Es su naturaleza aquello que dictamina su multidisciplinar personalidad y manera de escribir; de donde parte su búsqueda casi obsesiva, de su identidad interconectada con los actos ajenos y que le acercan a revelarse en medio del caos, como un cut-up o un poema dadá.

En ese sentido, uno de sus textos que llama particularmente mi atención es ‘Aliens y anorexia´ (el cual pertenece a una serie de 3 libros de la autora sin un vínculo aparente que atraviesan de manera medio biográfica, medio ficción la vida de Kraus). Este libro aborda anécdotas de su vida en la década de los 90 desde momentos vulnerables y de fracasos, sus llamadas a la agencia de citas, prácticas sadomasoquistas y las condiciones de su padecer anoréxico extrayendo fragmentos de las vidas de otros ‘seres’, sus búsquedas y sus habitares que, de manera casi mística, permean la vida e identidad de Kraus y el desarrollo de su película ´Grace and Gravity’.

En ‘Aliens y Anorexia’ parece que todos los puntos de su vida se ven involucrados con las distintas ideas y obras de arte que se conjuran en sus capítulos. Como si fuesen arquetipos místicos, los recuerdos e ideas de aquellxs artistas y personajes históricos se van revelando con un aura de casualidad y a la vez de destino, algo a lo que Kraus compara con las ideas de William Burroughs, Brion Gysin e Iam Sommerville, pequeños vislumbres de sentido en medio de las prácticas que conjuran al caos.

Seres como Simone Weil y Paul Thek aparecen para recordarle el complejo entrelazo que existe en algo similar a la conciencia colectiva. Ya sea la visión de Weil de poder sentir aquello que atañe al otro (incluso al más lejano de nuestra realidad) y la incendiaria necesidad de padecer(les) en una búsqueda de la pureza general que nos alivie y nos lleve más allá del ser humanos, o la organización y teatralidad de Thek que exploraba los límites del pensamiento y la creación de manera colectiva.

Así mismo, es una especie de acto estético habitable que obligaba a todo aquel a co-existir con la obra, a pertenecer y aportar vida y belleza deambulando entre lo inmundo y lo tierno como formas contrarias al entonces arte sistemático post Andy Warhol. Kraus retoma estas visiones como tesoros obtenidos por el azar y la desesperación en momentos de quiebre y les contrapone a los hechos que va atravesando simultáneamente, como si se trataran de señales que no conducen aparentemente a nada pero que indican que se encuentra aún sobre el camino, que le definen como un ente que busca renacer de si misma, que revindica su condición de desorden psicológico como acto de resistencia ante el fenómeno de identidad. Todo esto con el objetivo de re - entender el tiempo y el cuerpo y vincular todas las ideas que le forman en un solo ente alienigena.

En palabras de Ulrike Meinhof a través de los auriculares de Eva Buchmiller: ‘…soy Ulrike Meinhof y les hablo a los habitantes de la tierra. Cuenten su propia muerte…´. 

Edita: Caja Negra

Reseña por Luis Antonio Pedroza